
En la entrega anterior, les contamos cómo llegamos a transitar por los caminos verdes de Catia, y compartimos los testimonios de Estela y Margarito, una pareja que hace 22 años se estableció en el Waraira Repano.
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Maricruz Díaz Castillo
Dirección de Gestión Comunicacional
Coordinación de Comunicación e Información
maricruzdiazcastillo@gmail.com
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Podría pensarse que, una vida sin las comodidades de la urbe, solo puede atraer a personas mayores. Sin embargo, luego de despedirnos de Estela y Margarito, caminamos quince minutos y hallamos el hogar de una joven familia. Desde hace cuatro años viven allí, en un rancho de zinc con piso de tierra. Alrededor, pequeños cultivos de hierbas y unos pocos animales de granja, dejan constancia de la lucha de esta familia por salir adelante, fuera del guión rentista que nos resulta tan habitual.
El día para Jenny Yépez y David Santos, empieza a las 4 am, pues además de cuidar a su hija Natalie, trabajar la tierra y atender a los animalitos, llevan a cabo otras actividades. Él, trabaja para dos emisoras comerciales cuyas torres están montaña adentro. Ella, estudia Informática aplicada a la Gestión Social, en la Universidad Bolivariana de Venezuela, y pertenece al comité de madres de barrio “Yulimar Reyes”.
Ambos, provienen de familias que viven en el sector desde hace varias generaciones. La experiencia socio productiva que adelantan, junto al resto del colectivo “Resistencia”, tiene como fin el cultivo y la distribución de vegetales en los alrededores.
-¿Qué esperan conseguir en este espacio?
David: Primero que nada lo que queremos es agrandar la siembra y tener animales, para poder ayudar a la comunidad logrando que el producto le llegue más económico Esa es la visión de quienes conformamos aquí el colectivo, y si hay parte del gobierno que nos quiera ayudar pues bienvenido sería, porque en esta parte alta siempre estamos como olvidados, por eso mucha gente se ha ido.
-¿Qué tipo de ayuda les interesaría?
David: Bueno un crédito o instrumentos de trabajo, esas cosas así que pudieran a uno servirle para desarrollar más el programa aquí en la zona.

-¿Por qué decidieron integrarse a ese colectivo?
Jenny: Bueno somos personas de distintos sectores que trabajábamos en varios Consejos Comunales y viendo los límites geográficos que éstos implican, decidimos agruparnos como un colectivo, así donde nos necesiten vamos. Apoyamos en el trabajo con las chamas y los chamos: las clases de danza, clases de matemáticas e inglés de manera que los niños vayan teniendo otra experiencia y no estén en la calle viendo lo que no es.
- ¿Cuáles son los objetivos que tienen como colectivo?, ya no del punto de vista familiar sino como organización.
Jenny: Hacer la historia, viviendo en solidaridad con quien nos necesite, siempre que esté a nuestro alcance.
-Tomando en cuenta que, el día a día de ustedes es totalmente distinta a la que predomina en el resto de la parroquia: ¿Ustedes se sienten parte de Catia?
David: Por supuesto, ¡estamos en Catia!
Jenny: Claro, somos parte de la parroquia.
Natalie, con sus mejillas rojitas y sus ojos brillantes, nos acompañó desde que llegamos. La precariedad material que rodea a la familia, no hace mella en sus rostros, ni en sus ánimos.
Esa tarde alcanzamos una gran victoria: 180 minutos de conversación 100% libre de quejas. Recibimos una amorosa lección de esfuerzo, solidaridad y esperanza. Fue tan fácil recordar aquella canción de Facundo:
“El hombre ambiciona
cada día más
y pierde el camino
por querer volar…”