
Esta es la historia de Yosmar Alexander, víctima del abuso policial. Su mamá, Sonia, nos contó cómo fue su hijo y cómo perdió la vida. Sonia es apoyada por la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz en la búsqueda de responsables y apoyo psicológico.
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Valentina Pacheco
Dirección de Gestión Comunicacional
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En un presente ideal Yosmar Alexander Aldana Bastidas, que estudió su primaria en el colegio Fe y Alegría de Casalta y se graduó de bachiller en la Misión Ribas en el año 2006, tiene 31 años de edad; dedica parte de su vida a luchar por las reivindicaciones habitacionales de las personas del sector Los Pinos de la parte alta de la Morán y consigue el sustento económico para Mariela (su compañera de vida) y sus dos chamos como albañil en la zona y en uno que otro tigrito que le sale.
Es considerado por todas y todos un luchador social. Se escucha su voz en las asambleas de ciudadanas y ciudadanos cuando se discuten las mejoras que se necesitan en las casas más precarias del sector. Detesta las injusticias y quiere formar parte del comité de Vivienda y Habitad del consejo comunal que está naciendo en esta parte del barrio.
Yosmar no puede dejar de mover sus pies al escuchar una buena salsa, su danzar caribeño se evidencia aún más al escuchar a Hector Lavoe y al compartir entre amigos unas espumosas bien frías. Si se molesta por algo se le pasa rapidito como si el rencor no tuviese cabida en sus pasos, pues el perdón lo acompaña siempre.
Lo mejor que puede pasarle a su paladar es degustar un rico plato de caraotas o unos buenos espaguetis hechos por su “ma”, como llama a la señora Sonia, su madre. Cada vez que llega con hambre a su casa levanta las tapas de las ollas y pregunta qué hay por ahí. Siempre le acompaña una sonrisota en la boca y una mirada pausada que dice a gritos “la mejor comida me la prepara mi ma”. La vocación de servicio no es algo que ponga en práctica sólo con sus vecinos, cada vez que puede limpia el solar de la casa de Sonia.
Pero como en cada cuento donde hay un bueno hay uno o más villanos, en esta historia también las risas se cambiaron por lágrimas y Lavoe no volvió a sonar en varias casas del sector Los Pinos de la Moran, aquella noche del viernes 18 de octubre del 2008, cuando varios hombres le dispararon sin razón alguna a Yosmar Alexander y la vida se le fue en cuestión de segundos.
Ese viernes 18 de octubre regresando de un pool de la zona y con unos tragos de más, se encontró con una escena de dolor, uno de sus vecinos había sido asesinado por un grupo de funcionarios de la Policía Metropolitana, y él, al increparlos por el hecho ocurrido, desencadenó la ira en uno de los policías, quien le propinó un disparo en el pecho y lo dejó tendido en la acera. Los vecinos intentaron trasladarlo al periférico de Catia para salvar su vida, pero llegó sin signos vitales.
Como el caso de Josmar hay miles de historias que se escuchan en los juzgados de nuestro país, son miles de madres, que como Sonia claman por justicia ante la muerte injusta de sus hijos, quienes fueron víctimas de funcionarios policiales que olvidaron el artículo 332 de la Constitución que dice “los órganos de seguridad ciudadana son de carácter civil y respetarán la dignidad y los derechos humanos, sin discriminación alguna”.
Según la Rectora de la UNES, Profesora Soraya El Achkar, se le debe decir al mundo, que “la seguridad no es un tema netamente policial, sino que tiene que ver con cómo nos entendemos como sociedad” donde la familia, la escuela y cada uno de los ciudadanos que forman parte de la sociedad deben comprometerse a mejorar la convivencia y garantizar la seguridad.
Para la señora Sonia, mamá de Josmar, los cuerpos policiales deben ser fieles al respeto de los Derechos Humanos y sobre todo al derecho a la vida, pero según esta luchadora –como ella misma se define- se debe ir más allá, dice que “las madres deben estar más pendientes de sus hijos, se debe alentar el deporte y los valores deben ser fundamentales en la vida y formación de todos. Sólo con policías no se arregla esto”, expresa.
Agradece el apoyo incondicional que ha tenido de parte de organizaciones no gubernamentales como la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz, dice que de no haber sido por ellos no hubiese podido seguir, además aplaude las iniciativas de la UNES de formar policías con una nueva visión y de trabajar en conjunto con las comunidades para juntos buscar soluciones a los temas de violencia e inseguridad.
Esta madre se arrepiente de no haber salido a buscar a su hijo al ver que no contestaba su teléfono y dice que si lo tuviese frente a frente otra vez, sólo le dijera: “Te extraño mucho”.
Dos fechas una vida
Un dieciocho te fuiste, sin adiós sin despedida.
Te asesinaron vilmente y tu grito se escucha siempre.
Te cortaron como una flor,
en el barrio, en el pueblo, tu grito se escucha siempre
En la lucha de los sueños un treintaiuno naciste, con amor con alegría.
Un dieciocho te fuiste, sin regresar a mi vida.
Me dejaste dos amores, que son mi amor, mi alegría.
Pero no me callarán, para luchar por la vida.
Me dejaste sola y triste, sin adiós, sin despedida.
Pero no me callaran para luchar por la vida
Sonia Bastidas