No me sé la respuesta

La sensación que tengo, después de seguir el tema por años, es que en políticas públicas educativas se han desarrollado mejores habilidades para diagnosticar el resultado final pero no se encuentran las de remediar. Hoy tenemos mejores instrumentos de medición que hace una década pero estos no encuentran cuál es la raíz del problema y cómo atacarlo.

Fuente: La República

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Lima, Perú. Con el siglo XXI llegaron a la educación peruana las primeras mediciones públicas de logros escolares. Estas ya se han hecho una costumbre anual, como también se ha hecho costumbre saber que los resultados son pésimos.

En el gobierno de Toledo, cuando por primera vez se difundieron estas evaluaciones de forma popular, la reacción fue como la del padre que recibe una libreta de notas desastrosa. Sorpresa, indignación, pena y la urgente “toma de medidas”. A invertir más en infraestructura, materiales, capacitación. A desarrollar una nueva carrera magisterial. A aumentar sueldos a maestros. A promocionar un plan lector. Miles de millones de dólares después en inversión pública y una década después, solo el 13,2% de los niños han logrado el aprendizaje esperado en matemáticas y solo 29,8% entienden lo que leen.

51% de los niños tienen dificultades, incluso, para las preguntas más fáciles de matemáticas.

Estas horribles cifras esconden otras peores. En el área rural solo 3,7% de los niños pasan en matemáticas y solo 5,8% entienden lo que leen. ¿Qué futuro espera a estos niños? ¿Acaso la condena al analfabetismo funcional? ¿Puede haber modernidad, bienestar, progreso en estos términos? En el otro extremo, la escuela urbana y privada tiene los mejores resultados pero tampoco se crea que las cifras son deslumbrantes. Incluso ahí, solo el 18,9% logra el resultado esperado en matemáticas, aunque es verdad que un esperanzador 50,3% entiende lo que lee y un 43,7% puede responder las preguntas más fáciles de comprensión lectora.

¿Qué pasó? La sensación que tengo, después de seguir el tema por años, es que en políticas públicas educativas se han desarrollado mejores habilidades para diagnosticar el resultado final pero no se encuentran las de remediar. Hoy tenemos mejores instrumentos de medición que hace una década pero estos no encuentran cuál es la raíz del problema y cómo atacarlo. Así como los niños que no saben las respuestas, la política pública educativa peruana tampoco encuentra las suyas.

¿Será un maestro mal capacitado que no puede lograr ni siquiera los mismos logros que se proponen a sus alumnos? ¿Será que el magisterio en primaria se convirtió en una carrera precaria de refugio y sobrevivencia femenina? En la última década se han cerrado pedagógicos y se han aumentado exigencia formativas, se han aumentado sueldos, se han hecho concursos, pruebas y se han dado miles de horas en capacitación a maestros por especialidades. ¿No sirvió de mucho?

¿Será la falta de dinero para materiales educativos en zonas de pobreza? No lo parece. Se han repartido millones de textos escolares en la escuela pública. No hay niño pobre que no tenga acceso a su material. Se han entregado miles de computadoras, laboratorios y bibliotecas escolares. ¿O tal vez será la pobreza nutricional con la que el niño pobre llega a la escuela? Con un 30% de peruanos en pobreza, la escuela pública también otorga alimentación complementaria gratuita a cientos de miles de alumnos.

La ministra ha dicho, mientras presentaba los resultados del 2011, que ahora están “empleando estrategias de educación más innovadoras y tratando de no seguir con las políticas de años anteriores, porque se encuentran desfasadas”. Seguir la antigua práctica de echarle la culpa al gobierno anterior es un clásico, pero entonces ¿es un problema de estrategia? ¿Cuál estrategia? Sería bueno que lo diga. A ver si empezamos a tener respuestas a este drama nacional.